Sí: si una empresa usa ChatGPT, Claude, Copilot o cualquier otra herramienta de IA generativa, el AI Act ya le aplica, con independencia de su tamaño. La empresa que usa una de estas herramientas ocupa, a efectos del Reglamento de IA (Reglamento UE 2024/1689), el papel de responsable del despliegue (deployer), una categoría jurídica distinta de la del proveedor del modelo, con obligaciones propias que llevan vigentes desde febrero de 2025.
Qué te convierte en responsable del despliegue
El AI Act distingue entre proveedor y responsable del despliegue. OpenAI, Anthropic o Google cumplen sus obligaciones como proveedores de modelos de propósito general: documentación técnica, políticas de derechos de autor, resúmenes de los datos de entrenamiento y evaluación de riesgos sistémicos. La empresa que integra esas herramientas en su operativa diaria, sea para redactar correos, generar informes o automatizar la atención a clientes, cumple un conjunto de obligaciones distinto, como responsable del despliegue. Ambas obligaciones coexisten y no se sustituyen entre sí: que el proveedor cumpla su parte no exime a la empresa de cumplir la suya.
Las tres obligaciones que aplican aunque el sistema no sea de alto riesgo
La mayoría de los usos de ChatGPT en una empresa (redacción, análisis, programación, atención al cliente sin decisiones automatizadas) caen en la categoría de riesgo mínimo o limitado, no en la de alto riesgo. Eso no significa ausencia de obligaciones. El artículo 4 exige garantizar que el personal que usa estas herramientas tiene un nivel de competencia adecuado sobre sus capacidades, sus límites y sus riesgos, con evidencia documentada de esa formación. El artículo 50 exige informar a cualquier persona que interactúe con un sistema de IA (un chatbot, por ejemplo) de que está hablando con una máquina, de forma clara y visible, no en la letra pequeña de unos términos y condiciones. Y cualquier práctica prohibida del artículo 5, como la manipulación subliminal o la explotación de vulnerabilidades de colectivos específicos, queda vetada con independencia del nivel de riesgo general de la herramienta.
Cuándo el uso de ChatGPT sí puede convertirse en alto riesgo
El nivel de riesgo no depende de la herramienta en sí, sino del uso concreto que se le da. Un sistema de IA generativa usado para preseleccionar candidatos en un proceso de selección, para evaluar el desempeño de empleados o para tomar decisiones sobre acceso a servicios esenciales entra en la categoría de alto riesgo del Anexo III, con obligaciones considerablemente más exigentes: evaluación de conformidad, supervisión humana reforzada y registro en la base de datos europea de sistemas de alto riesgo. La frontera entre un uso de riesgo mínimo y uno de alto riesgo suele estar en si el sistema influye, de forma directa o indirecta, en una decisión sobre una persona.
Cómo puede ayudarte Novatierra
Determinar si el uso concreto que hace una empresa de sus herramientas de IA generativa cae en alto riesgo, y qué obligaciones de responsable del despliegue tiene ya activas, es exactamente el tipo de claridad que ofrece un Diagnóstico Rápido: un proceso de una semana que sitúa a la empresa frente a su exposición real, sin necesidad de comprometerse a un proyecto largo antes de saber qué está en juego.
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