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El BIS advierte del riesgo de recesión por la inversión global en IA

El BIS advierte de que el billón invertido por las hiperescaladoras en IA podría desembocar en una recesión de inversión con contagio financiero.

El 28 de junio de 2026 el Banco de Pagos Internacionales publicó su Informe Económico Anual 2026 y dedicó una sección entera a un cálculo incómodo. Las cinco mayores hiperescaladoras del mundo, Amazon, Microsoft, Google, Meta y Oracle, van a gastar más de un billón de dólares en infraestructura de inteligencia artificial entre 2025 y 2026. Es una cifra que ya supera los ingresos y el flujo de caja libre de esas empresas, lo que las está empujando a emitir deuda para financiar la diferencia.

El BIS no discute que la tecnología funcione. El propio informe reconoce ganancias de productividad de entre 20 % y 50 % en tareas concretas, medidas con estudios independientes sobre programación, atención al cliente y trabajo administrativo. Lo que preocupa al banco central de los bancos centrales es otra cosa: que las cinco compañías estén apostando al mismo tiempo por la misma estrategia, empujadas por la percepción de que solo un puñado de actores dominará el mercado a largo plazo. Con modelos de teoría de juegos de tipo contest, sus economistas muestran que cuanto más se intensifica esa competencia, más cae el excedente económico neto del sector en su conjunto, hasta el punto de volverse negativo en los escenarios adversos.

Cuatro precedentes citados por el BIS

El informe traza un paralelismo histórico deliberado: los canales británicos de la década de 1830, el ferrocarril de la década de 1840, la electrificación de finales de los años veinte del siglo pasado, la burbuja puntocom de finales de los noventa. En los cuatro casos la inversión colectiva superó con holgura lo que el mercado terminó necesitando; en los cuatro casos la corrección posterior arrastró consigo una recesión de toda la economía, no solo del sector que la había provocado.

Lo que distingue a este ciclo, según el BIS, es la arquitectura de su financiación. Las hiperescaladoras, los fabricantes de chips y los laboratorios de IA están conectados por lo que el informe llama una red compleja de acuerdos privados: financiación circular en la que una compañía toma participación en otra que a su vez le compra capacidad de cómputo, contratos de arrendamiento de centros de datos cuyas condiciones rara vez se hacen públicas, y una cadena de proveedores de ingeniería y construcción con balances mucho más frágiles que los de sus clientes. Si el gasto se frena, es esa cadena la que absorbe primero el golpe.

Hay un dato que el informe subraya y que rara vez aparece en la cobertura mediática del asunto: la exposición de los hogares a la renta variable ha crecido, en proporción a su patrimonio y a sus ingresos, más que en cualquier corrección anterior de magnitud comparable. Una caída fuerte en las valoraciones bursátiles podría trasladarse hoy al consumo con más fuerza que en ciclos pasados, incluso si el origen del ajuste queda circunscrito, en apariencia, a un puñado de compañías tecnológicas.

Qué deberíamos anticipar

Trabajo con organizaciones que están decidiendo, en este mismo trimestre, cuánto invertir en agentización y en qué plazos. El aviso del BIS no es una razón para detener esas decisiones ni para tratarlas como si fueran especulativas: la productividad que documenta el propio informe es real y medible. Sí es una razón para dejar de tratar la disponibilidad de cómputo y sus precios como una constante. Los contratos a tres y cinco años que dependen de la capacidad de una hiperescaladora concreta, los acuerdos de precio fijo sobre inferencia y la planificación de presupuesto que asume que el coste por token seguirá bajando al mismo ritmo son decisiones que merecen revisarse con un escenario de corrección incorporado, no solo con el escenario optimista que suele acompañar a cualquier propuesta comercial.

Pablo Hernández de Cos, director general del BIS, evitó recomendar una política concreta a los bancos centrales cuando se le preguntó cómo deberían responder a esta situación. Me parece una prudencia razonable: nombrar el riesgo no obliga a resolverlo con una receta, y las organizaciones que hoy dependen de la infraestructura de IA deberían aplicar la misma prudencia a sus propios planes de gasto.

Fuente: BIS, Informe Económico Anual 2026

Si esta cuestión afecta a las decisiones de inversión en IA de tu organización, podemos hablarlo en una sesión sin compromiso.

Este análisis forma parte de La Sociedad Artificial, la newsletter semanal de Luis Sotillos en LinkedIn sobre estrategia digital e inteligencia artificial en la nueva fase de evolución de internet.

Por Luis Sotillos

Economista y consultor de estrategia digital. Contacto en LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/lsotillos/

Acompaño a organizaciones en la evolución de su estrategia digital para crecer e innovar, ayudándolas a comprender y anticipar tecnologías emergentes y marcos regulatorios complejos, y así tomar decisiones en entornos de alta incertidumbre.

Soy autor del ensayo prospectivo "2041. La Sociedad Artificial: Economía, empresa y poder en la era de la inteligencia artificial", disponible en Amazon.

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